viernes, 24 de enero de 2014

Realizar lo ficticio


(Escribí el siguiente texto para leerlo el viernes 29 de noviembre de 2013 en la onceava edición del Medias & Sombreros. Tengo el capricho de no publicar los cuentos o pequeños ensayos que escribo para el M&S. Me doy ese gustito, tan raro hoy, de transformar esos eventos, aunque sea por una tontería así, en algo único, irrepetible. Sin embargo voy a hacer una excepción a pedido de dos amigos que, supongo, habrán encontrado el ensayo tan erróneo que necesitan corregirme. A Canta y el Octavo, entonces, dedico esta versión)


1.

Me pidieron que lea algo sobre mis alumnos y me desafiaron a leer un fragmento de los juegos del hambre. Voy a hacer las dos cosas, y también voy a hablar de Ricardo Fort.

2.

Odio profundamente a Facebook. Más adelante volveremos sobre esto.

3.

Los tres libros que conforman Hunger Games cuentan una historia que sucede en un mundo post-apocalíptico. Desastres ambientales en un futuro probable han obligado a la humanidad a reconstruir la civilización bajo formas políticas primitivas. Una tiranía tecnológica que reproduce gestos y gustos del imperio romano. Por ejemplo el Coliseo. En reemplazo de Estados Unidos (hasta donde se sabe, todo lo que queda) hay un capitolio y doce distritos. Cada distrito está obligado a enviar las víctimas que sortea entre sus niños de doce a dieciocho años. Todo se televisa y se pone en escena con entrevistas, montajes, acting, músicas de fondo, decorados… La idea es bastante simple: el espectáculo moderno sustituye al circo de gladiadores en su colaboración con el totalitarismo y la tiranía. Así, pues, se conformaría el fascismo del futuro.




4.

¿Qué es el teatro? En un momento particular, durante un tiempo determinado y en un lugar específico, un grupo de personas finge ser otras personas.
¿Qué es el espectáculo? De manera continua y ubicua (e irrevocablemente), un grupo de personas fingen ser ellas mismas.

5. 

Algunos Reality Shows tienen la virtud de ser transparentes. No siempre, claro. Pero a veces son la más clara expresión, el resumen del espectáculo. Un grupo de personas encerradas en transmisión continua, compulsiva. Cada persona, a cada momento, actúa de ella misma. 

6.

Explicar esto a los chicos puede ser un poco complicado. Trato de suavizarlo con ejemplos. Les hago preguntas y me niego a responderlas:

Cuando Ricardo Fort está en el teatro, vestido de, digamos, el Che Guevara… ¿está actuando?
¿Qué personaje interpreta?
Y cuando está juzgando bailarines en lo de Tinelli ¿actúa?
Y si es así: ¿qué personaje interpreta ahí?
Y cuando da una entrevista para un programa ¿actúa? Y si es así ¿es el mismo personaje que cuando juzga? ¿Es otro? ¿Es una variación del mismo?
Y cuando Ricardo Fort está haciendo caca, en el baño, sólo ¿actúa?

¿Están Seguros?

En algún punto entre el teatro y el inodoro, probablemente, Ricardo Fort deja de actuar. ¿Qué pasa entonces? ¿Cómo son los gestos, la personalidad, las actitudes de lo que aparece entonces? ¿En qué se diferencia del personaje? ¿Y él mismo, tiene bien clara la diferencia? ¿Qué tan claro ve Ricardo Fort el momento en que termina de acutar?

Ricardo Fort es… era como los Reality Show: tenía la virtud de ser transparente. La frontera, el momento en que deja de actuar se borra cada vez más, va desapareciendo. Se desvanece en lo que llaman “umbral de indiferenciación”[1] Actuar y no actuar se superponen, se desdiferencian. ¿Habrá actuado durante sus minutos finales, antes de entrar al quirófano? ¿Habrá sido capaz de distinguir? Sólo nos quedan los tapes.

7.

Odio profundamente a Facebook, y es por eso que termino despotricando en clase, incluso sin quererlo. No era mi intención. Pero al día siguiente un grupo de chicas me anunciaron orgullosas que habían cerrado sus cuentas. Pero yo no quise sugerirles eso, todo lo contrario, traté de plantearles que escapar es imposible. Esa batalla se pierde antes de empezar. Pero sí podemos corromper todo, es cuestión de mentir. Mentir mucho, todo lo posible. Todo  el día, todos los días, todos los formularios. Mentir tanto que llegue el punto en el que ya no tenga sentido distinguir cuándo se dejó de mentir. Ya no importa. Porque las mentiras funcionan. No quiero decir que funcionen como mentiras. Quiero decir que funcionan. Y en algún punto, reemplazamos el combustible, hacemos girar los engranajes de la verdad con combustible híbrido, mayormente, mentira. Y cuando la mentira funciona igual que la verdad, aquella característica que hace de una verdad y de la otra mentira se empieza a desvanecer. No digo que sea todo lo mismo, que de golpe rompemos y reinventamos el mundo. Digo que, con tiempo, con ganas, y de a muchos (muchos), el juego de verdades y mentiras en Internet puede jugarse en una cancha que sea ella misma un umbral de indiferenciación. 

8. 

La tesis política de Hunger Games es ingenua, es dialéctica y es leninista.

Es ingenua porque piensa que el espectáculo es tonto, el poder es simple y el capitalismo es inocente, accesorio. 

Es dialéctica porque propone que del espectáculo (y sólo del espectáculo) nacerá su propia destrucción, su negación y su superación. La aventura de Katniss Everdeen es posible porque aprende las reglas de juego. Literalmente, sobrevive porque juega el juego del espectáculo. Esto es evidente y explícito en los libros y en las películas.

Es leninista, por último, porque a pesar de que la negación surge del momento positivo del espectáculo, una vez que ese momento ha llegado, hay que parirla, hay que hacerla existir. El final de la segunda película es el momento bolchevique por antonomasia, las tesis de abril, la independencia de clase, la delimitación del partido. El momento ha llegado, se rompe con el aliado provisorio para acabar con el enemigo, para la embestida final.

9.

Al margen de sus ingenuidades políticas, hay otra tesis, más tímida, más elegante, infinitamente más moderna. Es la tesis de la mentira. Y ahora voy a leer un fragmento de los juegos del hambre. Y recuerden: Odio profundamente a Facebook.

“Durante la rebelión, el Capitolio creó una serie de animales modificados genéticamente y los utilizó como armas; el término común para denominarlos era mutaciones, o mutos, para abreviar. Uno de ellos era un pájaro especial llamado charlajo que tenía la habilidad de memorizar y repetir conversaciones humanas completas. Eran unas aves mensajeras, todas ellas machos, que se soltaron en las regiones en las que se escondían los enemigos del Capitolio. Los pájaros recogían las palabras y volvían a sus bases para que las grabaran. Los distritos tardaron un tiempo en darse cuenta de lo que pasaba, de cómo estaban transmitiendo sus conversaciones privadas, pero, cuando lo hicieron, como es natural, los rebeldes lo utilizaron para contarle al Capitolio miles de mentiras, así que el truco se volvió en su contra. Por esa razón cerraron las bases y abandonaron los pájaros para que muriesen en los bosques.” 

Termino la historia yo: Los pájaros-mutos no murieron, sino que se cruzaron con pájaros normales y se volvieron un instrumento de arte y de utilidad para los distritos. Y un símbolo humillante para el poder del capitolio.

10. 

Queda -quedará- sin resolver el enigma del punto exacto, el límite, la frontera precavida. Última cita. Después de ganar los juegos del hambre, Katniss se pregunta acerca del romance, del amor que tuvo que actuar para ganar la simpatía del público.

“No sé qué hice como parte de los juegos, qué hice por odio al Capitolio, qué hice para que lo vieran en el Distrito 12, qué hice porque era lo correcto y qué hice porque este chico me importa.”

El chico, Peeta, lo tiene más claro: para ganar, él fingió su amor por ella, sin que eso impidiese que, al mismo tiempo estuviera enamorado de ella. Peeta actuó de sí mismo. Ha fingido lo que siente y lo seguirá haciendo hasta el final.

Ella todavía no se decide, no sabe si ha fingido algo falso o ha fingido algo real. Sólo sabe que ha fingido. Ve las imágenes que proyectan de su pasado reciente, y no se reconoce, es como si fuera otra[2]. A través de la pantalla todos somos otras personas, aunque esas personas finjan ser nosotros.

Imaginamos a Fort de joven, antes de las operaciones que le reemplazaron el cuerpo, que lo re-figuraron, configuraron o desfiguraron, según se quiera leer. Lo vemos antes de ser apresado por una mentira que se volvió cada vez menos mentira. ¿Quién nos da pena? ¿Ese que fue antes de ser otro? ¿O ese que fue después? ¿Habrá sido perceptible el cambio? ¿Y nosotros? Quiero decir: ¿Qué pasa en este momento con nosotros? Hablo por este micrófono, hago gestos con el cuerpo, con la cara, digo estas palabras: Finjo, actúo. En este momento, con este tono de voz, insinúo una tristeza. Digo: que pena, este tipo. Finjo que me entristece pero además me pregunto si no me entristece realmente. Y si es así ¿Interfiere mi actuación con mi sentimiento? ¿Se refuerzan, se cancelan, se ignoran? 

Por debajo de la reproducción de mi voz en el dispositivo eléctrico, un zumbido sospechoso merodea, la interferencia electromagnética nos golpea en la cara como un baldazo de auto-conciencia. Sabemos que estamos y sabemos que actuamos.

El resto es sombra.



[1] El concepto (del que sin dudas abuso) es de Agamben, Giorgio. (2003). Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida. Valencia: Pre-textos, p. 31.

[2] Escribió Benjamin: “En el film el hombre no reconoce su propio andar, en el gramófono no reconoce su propia voz” (“La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, 1936)

5 comentarios:

Anónimo dijo...

El mejor crítico literario de Argentina, el cuchevasqui de la literatura.

J la Rata dijo...

sonso

Lucas Figueroa dijo...

Habiendo experimentado una serie de entrevistas laborales, con consultoras y tercerisadoras, te puedo decir, que no es mal exclusivo de los medios de comunicacion, y la exposicion. Yo diria que es pandemico.
En todas las entrevistas, me hacian preguntas escriptiadas, que buscan una respuesta escripteada. Donde no les importa la verdad, solo les importa si es la respuesta correcta. Como en una suerte de video juego, fuy a una entrevista. Perdi. COn el conocimiento adquirido de esa, fuy a otra, donde ya sabia la respuesta, y tenia preparada un pregunta. No me costo mentriles, porque no les importaba la verdad. Fingi una vida entera. Experiencias laborales,Educacion, Actitudes y aptitudes.
Al final del dia, mi valor social esta basado en mi capasidad de mentir. Tengo que mentir, para poder tener un trabajo para el cual estoy sobrecapasitado.
y despues de todo, esa mentira es quien soy. DEtermina como actuo, y es como se me persibe, y conoce. Porque no les intereza, tu capasidad, utildad o voluntad. Solamente esperan que cumplas con una imagen estandarizada, de lo que se supone que seas.

Anónimo dijo...

Hola Lucas, gracias por comentar.

Lo que contás es feo, frustrante. No estoy tan seguro que se relacione con las cuestiones que escribí. Tal vez sí, quién sabe. Me gusta la relación que hacés con los videojuegos.

Es cierto, se espera un determinado input. Y ese input es -y ellos lo saben- la suma de varios protocolos, que pueden aprenderse.

La verdad no tiene nada que ver. Pero eso no me preocuparía. El problema es, me parece, más simple, más triste.

Es la precarización, la especialización del capitalismo tardío luego del Estado de Bienestar.

Un abrazo

j.

Lautaro Virgilio dijo...

Te estoy siguiendo, Aráoz, ten cuidado.